Breve historia de Alberto, el Cubano



La historia de Alberto es para contarla en detalles en un libro de aventuras, pero trataré de resumirla. Fue un convencido de la revolución cubana y un militante activo de la revolución, miembro del partido fidelista y jefe de cuanta burocracia pueda imaginarse. Su madre, preocupada por la extrema situación de pobreza de la isla, tomó una lotería de las visas de Estados Unidos, colocó el nombre y los datos de su hijo y la envió, sin consultarle a él. A los meses llegó una comunicación a la residencia de Alberto indicándole que había sido elegido para la residencia americana y él tomo la notificación como una equivocación del correo. Su esposa hizo un comentario casual sobre el incidente de una residencia americana equivocada, en una humilde reunión de cena, y la madre explotó de emoción y alegría, revelando su autoría.

Presionado por la familia y acusado de traidor por el régimen cubano, Alberto decidió venirse a Miami a hacer uso de su residencia y hoy, luego de siete años, comenta jocoso y con sus ojos abiertos: “Yo estaba ciego, hermano. Vivir en un país en libertad, poder trabajar y ofrecer a mis hijas educación, que se desarrollen, que sean libres, esto es una bendición”. Sus hijas estudian, su esposa y él trabajan y la madre está protegida por los planes sociales del Gobierno, con casa subsidiada, y según él, “hasta la sacan a pasear por las playas y le dan dinero para que juegue”.

Las anécdotas de Alberto sobre la distracción de sus hijas en Cuba me llaman la atención. “A ellas lo que les gustaba era recortar los vestidos de figurines que publicaba el único periódico los domingos y colocarlos sobre las muñecas de papel. ¡Imagínate eso! Acá se volvieron locas con tantas cosas para jugar”. Aun después de ocho años en Miami, rebosa de alegría sobre el milagro de su visa.

Me impacta en algún momento su relato sobre los medios de comunicación, por la terrible represión que ha existido en Venezuela últimamente. “Un solo periódico, hermano; las películas en blanco y negro y las noticias oficiales todo el tiempo. Es que te ponen una venda sobre los ojos, hermanito, así de sencillo”. Alberto trabaja hoy en una almacenadora y no cesa de decirme con su marcado acento cubano. “¿Sabes qué es lo más bonito, hermano? La libertá, la libertá”. Eso no tiene precio.


Luis Homes Jiménez /Abogado

CORTESIA DEL DIARIO LA VERDAD

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