Mambrú no va a la guerra




El reciclaje de la miseria cubana no cabe en Venezuela. Las carencias físicas, espirituales y morales, utilizadas para mantener sometidos a los cubanos, pretende ser la misma fórmula a nosotros aplicable. Racionamiento de agua, electricidad, alimentos, destrucción del aparato productivo; sustituyendo el paredón castrista por la lenidad e impunidad del hampa que ejerce la delincuencia con un concepto de clase social, nacido de las entrañas mismas de la Presidencia de la República y con eco en sus seguidores es un dogma castro-chavista inconcebible.

Después de una década, la democracia es un disfraz utilizado para esconder la realidad: una dictadura comunista que pregona el ciudadano Presidente. Su llamado guerrero, incitador de la violencia y desafío contra Colombia y EEUU, refleja su temor al futuro inmediato y se ciñe ciegamente al dictado de los Castro en eso de buscar pelea para ocultar fracasos. ¿Quién irá a la guerra contra Colombia?, ¿los hijos del Presidente o sus testaferros económicos o políticos?, ¿o serán los mercenarios cubanos o iraníes, disimulados en las misiones?

La realidad enseña que las condiciones de exaltación popular y patriótica obedecen a fines superiores, reales y decisivos, que generan un grado de sensibilidad y apremio masivo, originando una conducta social de solidaridad y determinación; ese no es el caso venezolano. Las bravuconadas presidenciales sólo ocupan espacios mediáticos de sorna o dudas.

La familia venezolana debe ocupar el rol fundamental de desconocer "cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticas o menoscabo de los derechos humanos", tal como lo establece el artículo 350 de la Constitución nacional. Es un derecho y un deber desconocer la conducta irracional de un ciudadano que impensadamente descarga su fracaso tratando de lavar con sangre lo que él ha destruido. La violencia es el arma de los que no tienen razón.


Israel Fernández Amaya /Abogado /fernandezamaya@cantv.net

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