No nos dejemos, reaccionemos



A veces me pregunto qué le está pasando a este pueblo. Desde los más conocidos líderes políticos de la oposición, pasando por los otrora combativos dirigentes sindicales, gremios profesionales, y todo ese estamento que hoy conocemos con el nombre de sociedad civil -que todavía no sé “con qué se come eso”-, que no termina de reaccionar ante la puñalada que el régimen totalitario de Hugo Chávez le está clavando en el mero centro del corazón a la democracia venezolana..

Me da la impresión que la mayoría, como demócratas convencidos que somos, creemos que seguimos dentro del esquema normal de la democracia que vimos hasta la llegada al poder del déspota y podemos desalojar a quien ha ejercido un mal gobierno con los métodos convencionales que el sistema de libertades públicas le permite a un pueblo libre: elecciones.

Pero, ¡vaya!, cuán equivocados estamos. El régimen de Hugo Chávez ha roto con todos los paradigmas democráticos. La Constitución ya no es el texto fundamental de la República sino el credo socialista contenido en la obra de Carlos Marx, El Capital. No existe la clásica división de poderes, pues sus representantes sólo se mueven a la señal que les llegue desde Miraflores.

El pueblo dejó de ser el soberano tal como lo establece el artículo 5 de la Constitución, pues el voto nada vale para el padrote de la revolución mientras le sea desfavorable.

En materia de derechos humanos y aplicación de la recta justicia, el cuadro es desolador. El derecho de transitar y manifestar sin que les echen gas del bueno sólo le pertenece a las huestes del régimen; y los corruptos sólo son castigados si están en el lado de la oposición o de algún “desadaptado” o “traidor a la patria” que se le ocurra saltar la tranquera revolucionaria, como es el caso del general Isaías Baduel.

Aquí lo que está en marcha es una política signada por el autoritarismo, el odio y la retaliación, contraria totalmente a las normas de convivencia democrática universalmente aceptadas, con marcadas violaciones a los fueros de la dignidad humana que exhiben a Venezuela, ante el mundo, como una nación sometida al ejercicio desenfrenado de las más remotas y prehistóricas pasiones autocráticas.
Pero no nos dejemos. Invoquemos y pongamos en práctica el artículo 350 de la Constitución. Desconozcamos a este régimen por antidemocrático.




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