Borrón y Venezuela Nueva



Por: Danilo Acosta
Desde que el actual Presidente se instaló en la silla de Miraflores, se empeñó en hacer un nuevo país, nos gustase o no a los venezolanos. A partir de 1998 comenzó una transformación de la Venezuela que todos conocíamos, la que con sus bondades y defectos nos ayudó a construir una de las sociedades más prósperas de este lado del planeta, a otra la cual se parece más a una nación del antiguo bloque soviético que se instauró en Europa Oriental después de la II Guerra Mundial y que afortunadamente se derrumbó en la década de los 90.

Comenzando por el cambio en el modo de vida de los venezolanos, nadie puede dudar que ahora vivamos de manera distinta. Ya en el país no se consume ni se hace lo que acostumbrábamos hace 10 años, cuando en el más modesto de los hogares nacionales, se podía pasar un fin de semana tranquilo, aunque fuera con una cajita de cerveza y un modesto hervido, sin el temor y la angustia de los anuncios presidenciales y sólo con el mínimo cuidado porque el hampa también se tomaba sus días de descanso.

Además de lo anterior, ahora los que tienen un negocio de cualquier tipo viven con el temor de que se los nacionalicen, práctica muy de moda en estos días y que está dejando al país sin su aparato productivo o en manos de la caterva de ineptos que dicen manejar muy bien las finanzas pero lo único que han podido hacer es chocar a la principal industria venezolana como lo es PDVSA.

Un tercer punto es la ideologización que pretende el régimen con el sistema educativo nacional, asunto que mantiene a más de un padre insomne ante el temor de que sus hijos se conviertan en robots y que sólo obedezcan las órdenes del amo del valle. A ello se le agrega el cerco al cual han sido sometidas las universidades nacionales y que tiene a los futuros profesionales al borde de un ataque de nervios porque no saben si podrán concluir sus carreras sin sobresaltos ni condicionamientos de ningún tipo.

En pocas palabras, Venezuela pasó de ser un país democrático y de pensamiento universal a una nación con un gobierno dictatorial y donde sólo existe la voz de un caudillo que decide, de acuerdo con su estado de ánimo, lo malo o lo peor que deban padecer los venezolanos y quién no esté de acuerdo deberá aguantarse, ya que ni siquiera dólares se consiguen para huir al exterior.

Es triste, entonces, ver como un país que en lugar de haber seguido la línea ascendente decidió descender a estratos inferiores, sólo porque el gobernante de turno, uno de los mayores resentidos sociales de la historia de la humanidad, le dio por echar para atrás los años de progreso y devolvernos a la prehistoria en el carro de bueyes del mamotreto llamado socialismo del siglo 21.

Por eso insistimos que de la Venezuela del pasado queda ya muy poco. Ahora vemos un país nuevo pero con los viejos problemas magnificados. La gente vive con temor por la inseguridad; los nuevos profesionales prefieren emigrar para darse la oportunidad de una vida mejor; las nuevas familias no hallan una vivienda digna; el sistema educativo involuciona y se pone de espaldas al progreso; la salud va de mal en peor y los militares a los cuales antes les sobraba coraje, ahora son ratones que sólo saben bailar al son que les toca la rata mayor porque los castraron a fuerza de billete y las bolas quedaron de adorno.

Y no se trata de evitar que el país avance. No; más bien se trata del deseo natural de progresar, de ir hacia adelante, trabajar para dejarle a las generaciones futuras una patria digna y libre, no un cascaron vacío al cual le sacaron la yema, lo dejaron seco y habrá que desentenderse del empaque porque ya no queda nada más para exprimir.

Este régimen opresor disfrazado de democracia, no es más que una nube de langostas que arrasa con todo a su paso y fomenta entre la gente el odio y la desigualdad pese a que pregone a los cuatro vientos la igualdad y la distribución equitativa de las riquezas. ¡Yo te aviso!

Un régimen que quiere borrar el pasado para instaurar un presente de privaciones para la mayoría y abundancia para sus acólitos, sólo pretende adueñarse de un futuro que debería ser igual para todos, sólo con las limitantes que cada quien se asigne pero no porque otro se las imponga.

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