Una carta (a) Insulza





Ante todo un fraternal saludo de alguien que usted no conoce pero que lo ha escogido como ejemplo de cómo no hay que ser en la vida si uno quiere ganarse el respeto de sí mismo. Se lo agradezco.

Me dirijo a usted para señalarle que en mi país, Venezuela, la gente está pensando barbaridades suyas, cosas que no me atrevo a contarles, pero figúrese lo grave de las cosas que sobre usted se mientan, que ya hay mucha gente que lo compara con el contralor general de la República, Clodosvaldo Russián.

Creo que es una exageración, pues yo a usted lo he visto despierto, hablando, sobando, dando crédito y mérito a cuanto candidato a reelección continua aparece en cualquier asamblea general de la OEA, mientras que a Clodosvaldo Russián hace tiempo que nadie lo ve porque el hombre sufre de una extraña enfermedad que le impide despertarse, excepto para echar una miadita cuando la próstata hace las demandas de rigor y para comerse un yogur de piña a media mañana.

Yo tengo la convicción que como usted queda muy poca gente en el mundo y lo digo en serio, claro hay cosas que no le han salido bien, por ejemplo, cuando decidió lanzar su candidatura para la presidencia de Chile y nadie le paró bola, pero mientras le llega su oportunidad lo está haciendo muy bien trabajando su candidatura a la OEA.

Allí sí es verdad que nadie lo iguala. Yo, personalmente, admiro su destreza, para hacerse el loco con el fraude que llevó a la presidencia a Ortega, Fidel lo trata como un majadero y a usted se le sale la baba, porque para usted Fidel es un hechizo, y le ruega que entre a la OEA y Fidel sólo le enseña sus dientes amarillos entre su barba raída y lo manda al carajo. Usted le soba la barriga a Chávez y éste lo llama pendejo, pedazo de pendejo, mil veces pendejo, recontrapendejo y, como si no fuera con usted, es más, llegó un momento que hasta se le veía agradecido, especialmente cuando nuestro comandante le dijo: Insulza vaya con su insulzería a lavarse el paltó. Como si el único paltó que usted tuviera fuese el que llevaba puesto, cuando es frecuente verlo con ese gris que le queda largo y el marrón que le da un aspecto achocolatado a su cara.

Lo de Zelaya parece una joda, pero peligrosa, doctor Insulza porque lo hace a usted un alquimista que convierte la democracia en una superstición. Pero en el fondo, ¡ay!, Insulza, usted es un artista, un paquete chileno, un rolo 'e vivo.

Énder Arenas Barrios /Sociólogo




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