Dignificar la política



- Fernando Chumaceiro /Ex alcalde de Maracaibo
Si la memoria no me falla fue André Malraux quien dijo: "El hombre no es lo que él dice ni lo que hace, el hombre es lo que oculta". Si ello fuese así no debemos preocuparnos tanto por lo que los presidentes de la República hablan, sino de lo que callan.

El silencio, en determinadas circunstancias, es también una forma de expresión. Muchos políticos venezolanos se caracterizan por su incontinencia verbal, mientras que otros se ubican en el extremo opuesto y se convierten en una caricatura viviente del famoso cuento El diente roto. De manera que entre "dientes rotos" e incontinentes verbales ha transcurrido buena parte de nuestra historia como república y entre unos y otros, una minoría de hombres ha actuado con dignidad, haciendo de la política un auténtico apostolado social.

Hay quienes emplean tanto tiempo en prometer que después no les queda tiempo para cumplir. Me pregunto si alguien llevará el inventario de lo ofrecido y el balance de los incumplimientos. Seguramente la respuesta será negativa. Debe ser por eso que hay tanta impunidad en la administración pública y tan poca austeridad en el manejo de los dineros de la nación. Tan sólo le queda a los ciudadanos el recurso de las sanciones morales, que algunos llevan a cabo no sin cierta gracia y buen humor, siendo ésta una de las pocas formas con las cuales los ciudadanos en Venezuela, castigan a los gobernantes.

Recientemente, en una calle de la ciudad donde vivo, me detuvo un transeúnte, diciéndome: "Qué le parece, envié una carta al contralor general de la República y me la devolvieron en el sobre escribieron "dirección desconocida". Al escucharlo pensé que el único recurso que de ordinario tienen los ciudadanos frente a las ineficiencias de muchas oficinas públicas es la venganza, para los cual utilizan la ironía, que es su más eficiente instrumento de venganza, pues las instancias para resolverlos son tan ineficientes como las instancias que los causa.

Urge reivindicar el ejercicio de la política y de la función pública. Mientras eso no ocurra, los problemas y en especial el de la pobreza no tendrá oportuna solución. El principal problema de la administración pública es la corrupción, no sólo por el desvío de los recursos del destino para los cuales fueron presupuestados, sino también por el despilfarro en el uso del tiempo, en el incumplimiento de los horarios de trabajo, en la actitud de muchos funcionarios que actúan como si el servir a los ciudadanos fuese un oficio servil.

En Venezuela urge dignificar la política, a todo lo alto y ancho de la pirámide administrativa, desde el vértice hasta la base.
Más importante que escuchar lo que dicen los presidentes será saber qué es lo que callan.

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