Ahora nos encontramos otra vez con un Gobierno militarista. Los fantasmas del pasado se han hecho presentes


Fernando Chumaceiro /Ex alcalde de Maracaibo/chumaceirogonzalez@cantv.net - -

Desde muy temprana edad empecé a soñar una patria "más poblada en la gloria que en la tierra" como afirmaba -creo- Andrés Eloy Blanco. Una patria en la cual las palabras libertad, justicia y dignidad fuesen el santo y seña para que los venezolanos nos convirtiéramos en auténticos ciudadanos. Esa patria todavía no he logrado verla a pesar de mi avanzada edad. Entre caudillos, dictadores y autócratas, por un lado y escasos presidentes civiles y honestos, los períodos de auténtica democracia han sido cortos y escasos. Ese ideal se acerca y se aleja según los episodios históricos que me ha tocado vivir.

Iniciamos el siglo XXI con un Gobierno militarista y autocrático, es decir, entramos al nuevo milenio de espaldas al futuro, regresando al túnel oscuro y húmedo del pasado. Mientras otros países avanzan, el nuestro retrocede... y no es por castigo de Dios, sino por los bajos niveles de formación cívica y ética de un elevado porcentaje de su clase dirigente.

Se ha dicho que el siglo XX empezó en Venezuela a la muerte de Juan Vicente Gómez, cuando ya había transcurrido casi la mitad del siglo. Desde entonces para acá el fantasma de la autocracia militar ha estado subyacente mucho tiempo. 10 años duró la dictadura de Pérez Jiménez, con su secuela de muertos, desaparecidos, exilados y presos.

Ahora nos encontramos otra vez con un Gobierno militarista. De nuevo la patria se parece a un cuartel. Los uniformes y las armas son distintas, pero la "cultura" es la misma. Los fantasmas del pasado se han hecho presentes. ¿Qué nos espera ahora a los ciudadanos? ¿Resignarnos a que el pasado se nos convierta en futuro? ¿Aceptar que en Venezuela sólo los militares deben gobernar? ¿Sentirnos condenados a no ser libres? ¿Dejar de ser ciudadanos para convertirnos en reclutas?

La generación libertadora con Bolívar, Sucre, Urdaneta y muchos otros, nos hizo libres para que ahora los fantasmas del pasado quieran convertirnos, no en ciudadanos, sino en reclutas obedientes. ¡No y mil veces no! Venezuela es un país de ciudadanos libres, no de súbditos ni de esclavos. Los ciudadanos debemos obedecer y respetar las leyes, pero no a quienes pretenden encarnarla.

Alguna vez un hombre sabio me dijo "cuando la vida te ponga a escoger entre el camino de tus principios y el de tu conveniencia personal, piensa siempre que lo que más conviene a los hombres de fe es mantenerse aferrados a sus ideales y valores". Toda noche tiene su amanecer. Una autora de justicia espera a nuestra patria en algún recorodo de la historia inédita. El pueblo escribirá esa historia que no tendrá caudillos, sino héroes anónimos, jornadas y procesos. Hacia ese horizonte se dirige mi esperanza. Le pido a Dios me permita ver aunque sea la primera aurora de la patria que desde niño he soñado.



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