Y... ¿cuál es tu número?


Dígame la Revolución Rusa, que sumió en la esclavitud a su pueblo durante casi 80 años.

Sonaré tajante y disgustado pero no me importa. Es hora de hablar sin eufemismos ni guabineo.

Amigos lectores, ¿recuerdan ustedes alguna revolución que haya servido para algo? ¿Recuerdan cómo terminó la Revolución Francesa?, ¿la rusa?, ¿la china? o ¿la cubana?, por nombrar las que más daño han causado a sus pueblos e, incluso, a sus promotores, como sucedió con la francesa, en donde literalmente no quedó títere con cabeza.

Dígame la Revolución Rusa, que sumió en la esclavitud a su pueblo durante casi 80 años. Horrorosos años de revolución comunista, durante los cuales cientos de miles de personas murieron en campos de concentración en Siberia. Stalin, mató más seres humanos que Hitler. Se calcula, sin exageración, que asesinó a más de 50 millones y después, como si nada, murió acostadito en su cama.

Dígame, otra vez, el horror de la Revolución China, que degeneró en una subrevolución denominada revolución cultural.

Nombre aberrante que sirvió de mampara para asesinar a millones de chinos, por motivos tan absurdos como leer libros cuyo autor no era Mao.

¿Dónde me dejan eso sin nombre que sufren los cubanos? Allí, los malos son dos dinosaurios, hermanos además, que sacaron del poder a un oscuro dictador y la gente ingenua los apoyó y los apoyó...

hasta que ya era muy tarde.

Hoy, después de casi cincuenta años, 25% de la población cubana ha emigrado de ese hueco negro en que los hermanos Castro han convertido a la hermosa isla.

En Cuba se hizo una revolución, entre otras cosas, para acabar con la prostitución y el analfabetismo que existía cuando el gris Batista. En la actualidad, el gran logro de la Revolución Cubana, ha sido acabar con la caña de azúcar y tener las putas más tristes y cultas del mundo, porque a diferencia de las pobres mujeres que se ven obligadas a prostituirse en otros países para sobrevivir, en Cuba las jineteras son, en su mayoría, mujeres cultas que cambian su cuerpo por pasta de diente, lápiz labial o galletas y chicles.

¿Será eso lo que quieren que ocurra en Venezuela? Llegó la hora de hablar claro.

Clarísimo. Aquí todo el mundo perderá todo. Todos perderemos todo. Cada uno de los venezolanos ya tenemos un número en la espalda y en cualquier momento nos llamarán para fastidiarnos. Lo peor es que hasta ellos, los que apoyan o han apoyado la maldad, la destrucción, el fascismo y la locura, también tienen su numerote.

Sin embargo, soy absolutamente optimista en cuanto a que más temprano que tarde vamos a salir de esto. Tenemos que apostar por la unidad opositora aunque a veces nos cueste. Hay que dejarse de ridiculeces e irresponsabilidades absurdas en medio de este peligro, como lo es el bochornoso espectáculo de los copeyanos o los guabineos del Partido Patria para Todos, que, para su honra, comienzan a abrir los ojos y a darse cuenta de que ellos también tenían un número en la espalda.

¿Qué vamos a esperar? ¿Que nos quiten casas, fábricas o negocios por pequeños que sean? ¿Que nuestras hijas y hermanas universitarias deban salir a la calle para traer pasta dental o papel toilette? ¿Es eso lo que queremos? Por cierto, ¿tú crees que no tienes un número puesto?


Opinión
Claudio Nazoa
El Nacional / ND
BLOGS.NOTICIERODIGITAL.COM/CLAUDIO/

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