Del mal de chagas al mal de Chávez


El venezolano contemporáneo, particularmente el joven o adolecente, estará sorprendido por la importancia que los medios de comunicación nacionales han venido dándoles a las noticias sobre el mal de Chagas, que en estos días atemorizan a la población. Seguramente desconoce ese compatriota la tremenda calamidad que para la Venezuela del siglo XIX y de las primeras décadas del siglo XX significó esa enfermedad, causante de sientos, sino de miles de muertos en todo el territorio nacional.

Un sostenido esfuerzo del Estado y la dedicación, la constancia y la abnegación de los médicos venezolanos logró, el lapso en varios años, erradicar esa enfermedad, que había desaparecido ya hasta de la memoria del país. Ahora reaparece, amenazante, y ni siquiera en un apartado rincón rural, sino en pleno corazón de la capital de la República, en la parroquia Antímano, con decenas de víctimas -niños, jóvenes, adultos, hombres y mujeres. Como secuela fatal de la quiebra del sistema nacional de salud conscientemente propiciada y estimulada por el gobierno "bolivariano, revolucionario y socialista" -e inepto militarista y corrupto- en cuanto instrumento eficaz de su confeso y conocido propósito de transformar aceleradamente a Venezuela, de país soberano e independiente, en sumisa y provechosa colonia de la Cuba de los hermanos Fidel y Raúl Castro.

No es mal de Chagas la única enfermedad que resucita y ataca a los venezolanos como consecuencia directa de la quiebra del sistema de salud. También reaparecen el paludismo -en Bolívar, en Sucre, en Monagas- la tuberculosis y la lepra, luego de que dichas enfermedades habían sido totalmente desarraigadas por la acción combinada y decisoria del Estado y los médicos venezolanos durante los gobiernos democráticos que sucedieron a la penúltima dictadura militar, la de Marcos Pérez Jiménez.

Era indudablemente eficaz el sistema de salud instalado por los gobiernos democráticos, y respondía prontamente a las demandas de la población venezolana. Pero dentro de su proyecto de hacer de Venezuela una colonia al servicio de los intereses de la Cuba fidelista, el gobierno "bolivariano, revolucionario y socialista" -e inepto, militarista y corrupto- decidió desmantelarlo y entregarlo a la dirección y la administración del gobierno cubano. El ministerio de Salud venezolano, de trascendente historia, no es conducido por un médico, u otro profesional de la salud, sino por un militar, un aviador de los que participaron en la intentona criminal del 4 de febrero de 1992. Además, el gobierno cubano tiene en Caracas, permanentemente, un viceministro de Salud, creo que pagado por Venezuela. Y todo el sistema es manejado por decenas de miles de presuntos médicos cubanos, de los cuales se ignora si lo son realmente pues ni siquiera han revalidado aquí sus títulos, como lo exige la ley venezolana, para poder ejercer la profesión. Los médicos y los otros trabajadores de la salud criollos están desplazados por cubanos, activos agentes del proceso de colonización del país que ejecuta, conscientemente, el gobierno "bolivariano, revolucionario y socialista" -e inepto, militarista y corrupto.

En otras áreas fundamentales de la actividad nacional ocurre lo mismo. La educación también es dirigida en acuerdo con las directrices que, al respecto, imparte desde La Habana el gobierno comunista de los hermanos Fidel y Raúl Castro. El magisterio nacional, como los médicos y demás trabajadores de la salud, están siendo sustituidos por presuntos educadores cubanos. El objetivo es indoctrinar a los niños, adolescentes y jóvenes venezolanos dentro de los más estrictos patrones del comunismo fidelista.

Y por los mismos rumbos trágicos anda todo lo demás. La producción, la cultura, la economía en general, la administración pública, la justicia, la institución armada...

Trágica la situación, ciertamente. Pero el 26 de septiembre les ofrece a las mayorías democráticas venezolanas la estupenda oportunidad de derrotar definitivamente el siniestro proyecto de cubanización del país, para restaurar la institucionalidad democrática, el Estado de Derecho, el pleno ejercicio de los derechos individuales y sociales.

!Hacia allá vamos!!!


Héctor Strédel

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