Los psicófagos




"El futuro es la auténtica patria de todos los jóvenes". Denis Diderot

Este es un gobierno que, al igual que los regímenes comunistoides conocidos, está integrado por psicófagos. Estos son los personajes utilizados por Fernando Savater en su novela El gran laberinto para referirse a unos seres que se alimentan de las almas de los que no saben o no pueden cuidar de sí mismos. Son muy peligrosos porque aparecen siempre entre las sombras del miedo y el prejuicio.

El pensamiento único que intenta inculcar el Gobierno a través de la educación y de los medios de comunicación de masas es un claro ejemplo de psicofagia, al igual que lo es el abominable experimento de las llamadas “Guerrillas Comunicacionales”, que procura envenenar el alma de los niños y jóvenes, hijos de padres desgraciados que se venden al primero que les permite seguir chapoteando en su pereza, en su indiferencia o en su indigna adulación.

El ministro de Educación declara que están diseñando los programas educativos universitarios “en la conceptualización y en la subjetividad revolucionaria socialista”, y “para llevar adelante este proyecto se necesitan profesores con una estructura mental socialista”. El vicepresidente Jaua, a su vez, manifiesta: “El que es venezolano tiene que ser bolivariano, no hay otra forma”; ambas expresiones son, como dice Alberto Barrera, un asombroso intento por convertir la estupidez en una categoría.

Escribe el doctor Blas Bruni Celli que “hace 200 años pasamos de la monarquía a la República. Liberarnos de España constituyó una gesta. Ahora se pretende que pasemos de un modelo de libertades y de alternabilidad a uno en el que una especie de gran patrón rija las mentes de las instituciones, donde todos los poderes del Estado quedan fundidos en una sola voluntad". Eso nos obliga a participar, esta vez, en una nueva gesta contra los psicófagos.

Los presos políticos que hoy sufren arbitrariamente el encierro no están en la cárcel por culpa de la política sino por culpa de la mentira. El despotismo ignora al cuerpo y se ceba con el alma, porque es a esta a la que quiere encadenar. Ellos no entregarán su alma porque, como dice el poeta, los humanos estamos hechos de la misma sustancia con la que se fabrican los sueños.


Neuro J. Villalobos Rincón

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