Hugo, el actor




Lo más impresionante de Hugo Chávez, el actor, es que da siempre la impresión de poder hacer cualquier papel, incluso hasta Presidente de la República: sus papeles son múltiples y llenos de gran energía, uno de los más importantes es el de revolucionario y soldado de un sátrapa caribeño, este papel es intercambiable, él mismo puede hacer de sátrapa caribeño.

Su capacidad histriónica es tal que en su papel de villano, que lo hace mejor que nadie, no es superado ni siquiera por los más grandes villanos del cine clásico: Lee Marvin, Jack Palance y Jhon Carradine.

Después de hacer el documental con Oliver Stone, ha sido llamado nuevamente, para hacer una de sus interpretaciones clásicas: el papel de burlón, papel en el que se ha ido especializando y que se debe a la implícita aceptación de la inferioridad que íntimamente lo caracteriza. El director que también es un mito del cine norteamericano moderno, piensa sacar de él lo mejor de su personalidad: lo acomplejado, lo resentido, lo despótico y lo hipócrita.

Será realmente un papel conmovedor, hará de un villano cruel. El director ha dicho que lo mejor de Chávez, el actor, es que asume su crueldad como nadie, incluso sin arrepentimiento, sin vacilaciones, sin excusas ni disfraces.

Han dicho que no es un galán, de hecho su físico no lo es: un poco cabezón, orejón, la nariz se proyecta hacia abajo y uno de sus huecos es mayor que el otro, mientras el labio inferior de su boca es muy grueso y le cuelga sobre su barbilla, de pelo maluco y tiene adornada la frente con lo que médicamente se conoce como sicoma, pero que ustedes pueden llamar verruga o cadillo. Sin embargo, muchos de sus fans, entre los que se incluyen varios ministros, jefas de poderes públicos y hasta del Parlamento nacional le atribuyen grandes virtudes eróticas.

De Hugo, el actor, se conocen varios enamoramientos platónicos, por ejemplo, la morenaza Piedad Córdoba, de quien puede decirse fue un enamoramiento carnal frustrado y cuyos deseos sobre el rudo zambo eran indisimulables. Hay y hubo otros, pero ninguno como la de otra morenaza Naomi Campbell, por quien nuestro primer actor perdió la cabeza y unos cuantos millones de dólares del erario público.

Sí señor, quizás tengamos un pésimo Presidente, pero no me dirán ustedes que el muchacho no se las trae como actor.


Énder Arenas Barrios /Sociólogo
Cortesia del Diario La Verdad

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