EL DÍA QUE FUSILARON A DIOS



Dentro de la emoción marxista de principios del siglo veinte, sucedió un curioso caso en donde se le hizo un juicio a Dios con el resultado de su condena. El 16 de Enero de 1918, en Moscú, un tribunal presidido por el comisario de Instrucción Pública, Anatoly Lunacharsky, recibió durante cinco horas los argumentos que demostraban el genocidio cometido por Dios contra la humanidad (por ejemplo los ahogados en el diluvio). Sus “defensores” trataron de amortiguar la condena aduciendo demencia y desarreglos psíquicos del acusado, pero el tribunal, dado la gravedad de las faltas, fue implacable y condenó a Dios a ser fusilado al día siguiente. Así se hizo, con pelotón de fusilamiento y todo, disparando varias ráfagas de ametralladora al cielo. Es poco probable que las balas alcanzasen a Dios y, además, un mínimo conocimiento Bíblico habría demostrado lo inútil de la condena pues el tipo nos tiene acostumbrados que, aunque lo maten, al tercer día resucita como si nada.

El simbolismo del juicio a Dios tenía sentido en un movimiento joven y entusiasta que se sentía poseedor de nuevas y modernas ideas. La lucha de clases para derrotar la burguesía, la igualdad para todos, el autogobierno obrero y las decenas de promesas atractivas del comunismo incluían también el quiebre del poder de las religiones sobre los pueblos. Fusilar a Dios era parte del proceso. Era la irreverencia hacia el todopoderoso y la derrota del dominador..

Las ideas comunistas han cambiado poco y en nuestros días casi se repiten con todas las comas. Las inmensas peladas de bolas de los soviéticos, chinos y otros pueblos que adoptaron este sistema pareciera que no se convirtieron en experiencia y aprendizaje. En el caso venezolano con la llegada de Chávez y sus rojitos la democracia está siendo reemplazada por un sistema comunista. Claro que para endulzar las cosas se le llama “Socialismo del siglo XXI”, pero como se llame, todo lo que hace Chávez es de corte comunista.

Del mismo modo habrá que intuir que dentro del plan de llevar a Venezuela al comunismo esté también convertir paulatinamente nuestra sociedad en un pueblo ateo para que no pierda tiempo en esas pendejadas de los curas. Para lograrlo nada mejor que empezar sacando la enseñanza religiosa de las escuelas. Tal vez no suene tan espectacular como matar a Dios a tiros, pero es como darle un primer puntapié por el fondillo.

La cosa no es fácil de demostrar pues Chávez a cada rato menciona a Cristo. Lo que nunca dirá un comunista como Chávez es que cree en Dios. Sus menciones a Cristo son referentes a la persona pero nunca lo aceptará como Divinidad (aunque hasta podría mentir y decir que si, si eso le conviene). Los comunistas no creen en Dios como parte de su doctrina, pero como en este País la religión está presente en la mayor parte de la población hay que ir con cuidado y disimular. Ya llegará el tiempo para controlar a los pastores, monjas y curas. Lo bueno del asunto es que si los rojos le hacen fú a Dios eso quiere decir que Dios está de nuestro lado y si usáramos la animosa frase “Cristo y yo mayoría aplastante” pues deberíamos concluir que somos un bojote tan poderoso que ningún aficionado a dictador nos ganará.

Los comunistas adoptaron el ateísmo como simplificación. Fallaron. Demostrar que Dios existe es difícil y hay que recurrir a la fe. Pero demostrar que Dios no existe es tan difícil que demanda del ateo genuino inmensos esfuerzos para mantener su (también) fe.

Y bueno Dios, ya que estás de este lado una ayudita no nos caería mal.



Eugenio Montoro
montoroe@yahoo.es

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