Cómo salir de Chávez


Eugenio Montoro


Antes que nada una aclaratoria. Es posible que cualquier escuálido empiece a leer estas líneas con la expectativa que genera el título y con el corazón agitado espere el manual de instrucciones para obligar a Chávez a que coja sus maletas y se marche a Cuba a envejecer. No es eso. Este artículo va dedicado a los simpatizantes chavistas que a la hora de votar lo hacen por algo que huela a rojo. Así que lo que realmente trata de significar el título es que debe hacer usted, apreciado(a) chavista, para salir de la influencia de su líder.

Usted no quiere alejarse de Chávez, al fin y al cabo no le ha ido tan mal y el Presidente es un tipo del carajo que tiene buenas intenciones para resolver los problemas y las cosas estarían mejor sino fuese por esos gringos imperialistas. Si usted piensa así lo primero que debe hacer es preguntarse en lo más íntimo de su ser que cosas cree que Chávez y su régimen están haciendo mal y cuales están haciendo peor. Si no se le ocurre nada su caso es muy grave y si se le ocurre algo pero de seguida tiene una explicación que salva a Chávez de responsabilidad, pues también es grave. La enfermedad que usted padece se llama “fanatismo” y no es algo que hincha el cuerpo, es algo mental, es el impedimento para ver la realidad. Hay fanatismos simpáticos. Los fanáticos de los Leones del Caracas se sienten orgullosos de los batazos de sus jugadores y los ponches se explican porque el árbitro parece “vendido”. Pero cuando se trata del País ser fanático es una tragedia. Añádase la indiscutible capacidad de Chávez para marear con explicaciones y promesas en una verborrea emocional que algunos han calificado similar a la de los predicadores religiosos.

Usted, apreciado chavista, tal vez sin darse cuenta esté drogado de un fanatismo que hasta le impide preguntarse si lo que dice Chávez es verdad, un fanatismo que hace le irriten las críticas y un fanatismo que le hace sentir por sus “enemigos” escuálidos una feroz antipatía.

Curarse del fanatismo no es fácil. Es como dejar de fumar. Es muy difícil y cuanto más difícil le parezca más enfermo está usted. Empiece por cosas sencillas, por ejemplo, pregúntese porque Chávez insulta y ridiculiza a sus contrarios. Compárelo con el trato respetuoso de la mayoría de los Presidentes hacia los ciudadanos. No caiga en la simpleza de “bueno Chávez es así”. Un Presidente es ejemplo de comportamiento y no debe ser un tira piedra vulgar. Busque otros casos sencillos. No crea todo lo que le dicen. Usted no es una oveja que va en manada sin preguntar. Usted está en capacidad hasta de abandonar la manada.

Esfuércese en entender porqué Chávez, que perdió, por votos, un intento de oficializar su socialismo, lo trata de imponer ahora vía leyes tramposas. Lea los argumentos de porqué el socialismo cubano es una locura inmensa. Abra los ojos. No le pedimos que nos crea, pero usted tiene la obligación moral de buscar su verdad. No la que diga Chávez, ni el PSUV.

El fanatismo cristiano de la antigüedad produjo miles de asesinatos. El fanatismo Islámico de nuestros días lo repite. Más allá de ese embrutecimiento que justifica las atrocidades de cualquier tipo, el fanatismo limita la libertad y la autocrítica y por tanto el deseo de superación. Es tu hora, chavista, de preguntarte si ese predicador de ilusiones llamado Chávez te tiene preso y atontado en sus garras o si puedes salir de esa comuna ideológica para volver a pensar libre como el irrepetible individuo que eres.

montoroe@yahoo.es


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