¡Qué valiente!, Hugo



Queda uno anonadado de ver la valentía del padrote de la revolución cuando amenaza a los valerosos y patriotas estudiantes universitarios que han salido a la calle nuevamente para enfrentar las bravuconadas y satrapías del tipo contra la sociedad venezolana y contra el Estado democrático.

Veamos esta perla del jefe de la pelotera comunista del siglo XXI, lanzada en cadena nacional, el mismísimo día que cometió la osadía de festejar el cruento intento fracasado de golpe de Estado del 4 de febrero de 1992 como el día de la dignidad, en el cual perdieron la vida decenas de civiles inocentes y, así como oficiales y efectivos de las Fuerzas Armadas Nacionales:

"Sigan tratando de tumbar al Gobierno revolucionario con las manitos blancas. Nunca lo van a lograr porque si nos buscan por el camino de las armas, incluso, estamos dispuestos a batirnos por la revolución bolivariana. No se equivoquen con nosotros".
Qué bravura, qué coraje el de Hugo, que intrepidez y arrojo, al desafiar a unos jóvenes que no tienen otras armas que sus manos blancas levantadas frente a las garrapiñas de la Guardia Nacional, sus bombas lacrimógenas, sus fusiles y demás aperos guerreristas con que son dotados para enfrentar las lógicas y democráticas protestas juveniles.

Como que se le olvidó a Esteban Dido que fueron, precisamente, jóvenes como los que él ofende con su infernal verborrea los héroes de la Batalla de La Victoria que salieron desde sus aulas de estudio, bajo el mando de José Félix Ribas, a enfrentar al régimen español que todavía dominaba los destinos de Venezuela, ofrendando muchos de ellos sus tiernas vidas.

Pero este cronista sabe qué es lo que le pasa al tipo. Carga una especie de "golpe de sangre" con la ingeniosa pancarta que le sacaron los estudiantes en el estadio de Valencia y en la cual le anunciaban tres strikes con los que lo poncharon, y que ese "Tas poncha'o" se ha convertido en uno de los slogan más exitosos que se hayan podido inventar para calificar a un mal gobernante.

No se ha podido sacar ese escardillazo que le metieron en lo más profundo de su ser los estudiantes universitarios y por ello los desafía de la manera más cobarde y ruin.

Yo no olvido que, a pesar de estar armado, el tercio se quedó en la retaguardia en el Museo Militar la aciaga noche del 4 de febrero de 1992, y finalmente se entregó sin hacer un solo tiro. Qué valiente eres, comandante.



Emiro Albornoz L. /Periodista /emiroalbornoz2@hotmail.com

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