Lecciones de mi padre



De mi padre aprendí el amor por las cosas sencillas: La comida casera. El huevo revuelto, la arepa, la nata y el queso. El dulce de leche. El contemplar un rebaño de vacas. El amor al terruño humilde. El aceptar la sal, el viento implacable y paisaje de Dabajuro y Miramar. Mi padre me enseñó el valor infinito del compartir el abrazo familiar, pedir siempre la bendición y ofrecer una sonrisa sana a los familiares y amigos. Mi padre me enseñó a respetar a los adultos, a querer a los abuelos, a adorar a mi madre y el trato siempre cortés con las damas. El buen humor sin ser chabacano, el valor de la sana picardía y la jovialidad con los amigos y semejantes. El culto a la amistad, como ventana que abre el horizonte y el mundo.


De mi padre aprendí el valor al trabajo, la importancia de la honestidad en todos los asuntos de la vida. Los dividendos que ofrecen la transparencia y la lealtad con los semejantes. De mi padre heredé el amor infinito por el país y su gente y la constante necesidad de hacer algo por los más necesitados mediante la caridad y la solidaridad social. El sentido de lo trascendente, lo religioso y lo divino son sus lecciones. En mi padre vi la apremiante necesidad de la lectura profunda y el amor por los libros y sus lecciones.

Mi padre me enseñó a amar la justicia y las leyes, el respeto al derecho como valor supremo de toda sociedad. Luchar siempre por un mundo más justo y recto. Heredé de mi padre la facilidad de palabra y escritura y a hacer de estas herramientas de lucha, en lugar de la violencia y el enfrentamiento. Mi padre me hablaba de los caminos de la política, de sus riesgos, desviaciones y adversidades. Mi padre que vivió en dictadura y tenía terror a los militares, me enseñó el valor de la democracia, la civilidad y la necesidad de cultivarlos y preservarlos para nuestros hijos.

Alguien comentó que para un niño, el padre es un gigante desde cuyos hombros puede divisar el infinito. En tu día, yo te diviso desde acá querido papá, y te reconozco como lo que siempre fuiste: Un hombre sabio, noble, gigante e infinito. Dios te tenga en su santa gloria, al ser éste otro año sin poder darte el matutino abrazo en tu día.

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