Automagnicidio



- Oscar Doval / Médico - - 08/06/2009 00:01 08
Esta mañana un muy querido amigo, Benito, de rostro curtido y manos callosas, quien pertenece al soberano mismo, ese que originalmente apoyó y todavía en gran medida pone sus esperanzas en Chávez, me estaba contando que anoche tuvo un sueño donde un tumulto de gente llegaba a Barinas en actitud de conquista y le decía al Presidente y sus allegados: "¡Ustedes ya no gobiernan más, quien gobierna ahora es el pueblo!". Al preguntarle sobre el significado del sueño, me decía: "Lo que pasa es que ese señor gobierna para él y para la gente que le jala bolas, pero nosotros, mijo, los de abajo, seguimos pasando más trabajo que ratón en saco de clavos. Chávez, y también la oposición, lo que hacen es hablar paja todo el día, pero los delincuentes siguen matando a la gente; la comida y las medicinas están demasiado caras y ni se diga la vivienda". Inmediatamente me vino a la cabeza la palabra “automagnicidio”

Con la de El Salvador ya van cerca de 30 denuncias por intento de magnicidio contra Hugo Rafael a lo largo de sus 10 años de gestión. Esta vez no sé si se trata de otra “cortina de humo” para distraernos de quién sabe qué patraña política o si realmente algunos desquiciados por allí quieren dar fin al infierno de la gestión del comandante, aun sin saber que nos puede esperar un infierno peor tras una salida de tal naturaleza.

El magnicidio de Chávez empezó hace mucho tiempo; curiosamente se trata de un magnicidio crónico y progresivo, y sus autores intelectuales no son la derecha vernácula o internacional. Hugo Rafael es el magnicida de sí mismo desde que comenzó a divorciarse y a guardar distancia del pueblo, obnubilado por el poder económico y político; rodeándose de un círculo de oportunistas que, lejos de toda ideología y moral, hace su agosto con las arcas del Estado.

Pues sí, Hugo Rafael, tu magnicida eres tú; cuando atentas contra la integridad del pueblo por tu ineptitud, cada vez que te haces el pendejo ante la sangre de los más de 100 mil muertos que ha diezmado el hampa; cuando por tu arbitrariedad vulneras nuestros derechos y voluntades. A fuego lento vas cocinando tu muerte, pero no tu muerte física, sino tu muerte política. Por eso el pueblo sueña con gobernarse a sí mismo, porque sabe que ya no gobiernas para ellos, sino para ti. Es cuestión de tiempo.



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