Cuando el miedo puede más que cualquier cosa



"Quieren reactivar la Operación Peter Pan", dijo el viernes Héctor Navarro, el ministro de Educación. Lo repitió el lunes, quizás porque no muchos lo vieron en el programa Contragolpe de Venezolana de Televisión. Sus declaraciones fueron vehementes. En Maracaibo, su contraparte, Dorelis Echeto, la jefa de la Zona Educativa, rechazó cualquier intento de "zozobra" por parte de los padres y representantes de colegios privados. Negó que se estuviese preparando alguna expropiación de planteles o que planificaran quitarle la patria potestad de los niños a sus progenitores. Los mismos argumentos de Navarro.
El Gobierno centra su atención en rumores y documentos difundidos básicamente por Internet. Lo de la expropiación corrió como pólvora la semana pasada. Primero fue el Rosmini, luego el Maristas y el fin de semana se aseguraba que le tocaría a El Pilar. Lo de la patria potestad tiene más tiempo. Ya el 28 de marzo del año pasado, Roger Ricardo Luis, representante de la Unión de Periodistas Cubanos, le echaba la culpa a los medios de comunicación en un encuentro celebrado en Caracas. "Persiguen los mismos objetivos de la Operación Peter Pan, de la cual fue víctima Cuba a principios de la década de 1960".
Casualmente o causalmente, el pasado viernes el mismo Fidel Castro habló del tema en un editorial publicado en el diario oficialista Granma. Calificó de cínica, diabólica e inmoral esta operación organizada por la CIA contra Cuba en 1962. El mismo periódico señaló ayer que esta operación se quería reeditar en Venezuela. La nota firmada por Randy Alonso Falcón, moderador del programa Mesa Redonda de la televisión cubana, señala que Estados Unidos está detrás del asunto en una operación psicológica concertada desde medios privados de comunicación. El eslogan Con mis hijos no te metas y su utilización en afiches, franelas y calcomanías formaría parte de todo este tinglado.
Contra el comunismo
¿A qué se refiere el Gobierno cuando habla de Operación Peter Pan? Fue un plan adelantado por personeros de la Iglesia católica, el Gobierno de Estados Unidos y cubanos en el exilio para sacar a los niños de Cuba y enviarlos a Miami (Neverland), donde se juntarían poco después con sus familiares. Se llevó a cabo entre diciembre de 1960 y octubre de 1962. Viajaron los hijos de padres cubanos que se oponían al Gobierno de Fidel Castro. Luego incluyó a los hijos de aquellos preocupados con la posibilidad de que sus hijos fueran enviados a campamentos de ideologización en la Unión Soviética.
Los comunistas atribuyen la acción al miedo y la manipulación. Fidel Castro acababa de cerrar las escuelas católicas y confiscó los bienes de la Iglesia. El sacerdote Bryan Walch fue el brazo ejecutor del proyecto. Una amplia red de colaboradores se puso en marcha. En Estados Unidos se creó el Programa para Niños Refugiados Cubanos con el que se daba atención a los recién llegados. Las cifras más conservadoras señalan que 14 mil niños emigraron a Miami.
La documentación es amplia. Hay un libro escrito por los cubanos Ramón Torreira Crespo y José Buajasán Murrawi. Se hizo además un documental titulado The Lost Apple (La Manzana Perdida). Con ese título se publicó en 2004 otro libro escrito por María de los Ángeles Torres, profesora de una universidad en Chicago, quien fuese una de las niñas exiliadas. También la periodista Yvonne Conde tiene su versión de esta historia.
Decisión polémica
En octubre de 1962 el proyecto fue abortado. Estados Unidos suspendió los vuelos a Cuba a raíz de la llamada Crisis de los Misiles, en la que la Unión Soviética instaló armas nucleares en la isla. Ochocientos niños se quedaron en Miami a la espera de sus padres.
La decisión tomada por los padres fue controversial. Un trabajo especial del New York Times para Clarín de Argentina, publicado el 13 de enero de 1998, lo ilustra muy bien. "Los hijos de Peter Pan, en especial aquellos que estuvieron separados durante un largo tiempo, dicen haber pagado un precio muy alto por su libertad y están resentidos por la decisión de sus padres. Otros dicen estar eternamente agradecidos por el sacrificio de sus progenitores. En líneas generales, fue una buena decisión porque nos salvaron del comunismo dice Antonio García, que hoy tiene 50 años y lava autos en Miami. De todos modos, le dije a mi madre que yo jamás le haría lo mismo a mis hijos".



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