W A T T


      Con frecuencia el presidente se refiere a lo malo del capitalismo y a lo peligroso del imperialismo. No tendría mucho de particular en un mundo donde debe ser lícito decir lo que nos de la gana, pero resulta curioso que nuestro animador del Aló Presidente se rodee de lo que critica.
        Gracias a los capitalistas se inventó la televisión por donde Chávez hace su show. Gracias a los capitalistas perversos tiene dos micrófonos delante de la boca, un audífono en el oído, un celular, un reloj y un avión. Gracias a los capitalistas tiene dinero pues vende el petróleo, con disimulo, a sus odiados gringos.
        No resulta fácil explicar como Chávez ataca a todo lo que huela a capitalismo pero acepta sus ventajas. Acusa a los gringos de querer invadirnos pero no rompe relaciones con esos malucos y los rojitos se van a Orlando a disfrutar de los parques. Los rojos andan buscando dólares baratos a pesar de ser el símbolo del más recalcitrante capitalismo y hasta el mismo gobierno los utiliza con una naturalidad comercial que sorprende.
        Dentro de este mar de inconsistencias hay una curiosa. En el siglo XVIII vivió James Watt, un matemático e ingeniero escocés que inventó muchas cosas pero que, principalmente, le dio gran impulso a las máquinas de vapor al aumentar su eficiencia.
        Como homenaje se le daría su apellido a una medida de potencia y su castellanización vino a parar en “vatio”. Así que cuando pague el recibo de luz y diga Kilovatios acuérdese de ese asqueroso capitalista escocés y cuando el gobierno le informe que han instalado una planta nueva de 30 Megavatios pues acuérdese, otra vez, de ese imperialista.
        Pero más allá de eso, Watt giró la palanca para que floreciese la revolución industrial. Se lograron niveles extraordinarios de producción a bajísimo costo que mejoró el nivel de vida en el planeta. La comodidad de los palacios reales se hizo disponible a millones de familias que de pronto tenían un juego de cubiertos para comer, ropa, calzado y perfumes Quizás con algo de envidia, un observador con poco trabajo y menos ganas llamado Karl Marx desarrolló una crítica a la explotación obrera por una clase dominante y planteó la posibilidad de un hombre nuevo en un mundo sin clases. La engañifa de Marx incendió a muchos países y se requirieron décadas y millones de muertos para que, los mismos marxistas, cerraran el libro de un ideal irrealizable.
        En Venezuela nos cayó la misma pava roja que nos quiere imponer, a lo macho, el comunismo. Como era de esperar ya se nota el desastre nacional por lo que debe venir un cambio. Los pesimistas dicen que Chávez no entregará el poder. Veremos. La última vez que se rindió lloraba en la falda de un cura. Será mejor que le rece a Watt a ver si le sube la energía que pronto va a necesitar.  


                                                               Eugenio Montoro
                                                             montoroe@yahoo.es
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