La política como guerra



Para los verdaderos demócratas, la política como la concibió Aristóteles, es el arte de controlar y conciliar los diversos intereses del Estado, para el bien común de la sociedad. En la política, o prevalece el intento de construir un orden de paz, libertad y prosperidad, en el que se desarrolle la convivencia humana, o prevalece la simple lucha por el poder. En suma, convierten la política en una simple guerra y el ejercicio democrático del poder da paso al autoritarismo y al totalitarismo.

Cuando eso ocurre, desaparece la paz, la libertad y la prosperidad en la convivencia social. En la Venezuela de hoy, el "Comandante" que la preside, concibe a la política como una prolongación de la guerra. Por eso ha desaparecido el pluralismo político, la conciliación, la negociación y el diálogo. El objetivo de quienes detentan el poder es el exterminio del contrario, pues no se le concibe como adversario, sino como enemigo. Sólo en circunstancias especiales se llama a la paz.

Y como la "causa" del líder es la patria, quienes se le oponen son también enemigos de ella: son antipatriotas. Estos líderes tienen enemigos reales y supuestos; internos y externos. Los enemigos son entonces, la base de la concepción bélica de la política, que paulatinamente se convierte en una política militarizada.

Así, patria, socialismo y muerte es el gran lema de la guardia pretoriana del líder, en la que se ha convertido a las fuerzas armadas del Estado. En consecuencia, hay también que politizar a los militares, o lo que quede de ellos. Por eso, la "revolución" es pacífica pero "armada". La administración de esa política, concebida como guerra, se expresa en el lenguaje del PSUV: está integrado por "batallones y patrullas", con mando vertical, sin deliberación ni pluralismo alguno. Además, tienen un uniforme: las camisas, chaquetas o franelas rojas, así como otros totalitarismos las utilizaron negras o pardas. Se uniforman para masificar a los partidarios, para acuartelarlos, para galvanizarlos.

Para hacerles creer que sólo dentro de ese "ejército" ellos valen, siempre y cuando obedezcan ciegamente al líder invencible y vitalicio. Esta concepción de la política no es democrática ni republicana. Es propia de totalitarismos de izquierda o de derecha, donde no hay paz, libertad ni prosperidad. Es propia de una monarquía socialista del siglo XXI.




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