Prohibido bostezar


Prendí el televisor para oír las noticias, justo en el momento que aparece la caricatura del caballo blanco, deforme y mal recortada, trotando hacia el público para avisarnos que viene una "cadena". Resignadamente decidí no cambiar el canal, para ver si había alguna "novedad".

Es lo que llaman el beneficio de la duda, que se desvaneció cuando apareció Chávez, más satisfecho que muchacho comiendo helado de chocolate. Automáticamente se me arrugó la frente, la nariz, la boca, el bigote y los ojos. Luego, cuando comenzó a hablar sobre las bondades del socialismo, de lo chévere que es ser pobre, de la perversidad del imperio y de las maldades de la burguesía, se me arrugó todo lo demás, porque ya uno sabe lo que seguirá, durante horas de fastidio, en esas cadenas revienta vejiga. Así que en defensa propia, le lancé el primer bostezo, con los ojos lagrimosos y la boca bien abierta, como para absorber todo el aire de la sala, hasta que se llenaran mis desinflados pulmones.

Y así fui matando el tiempo, mirando la tele pero sin ver el programa, oyendo voces pero sin saber lo que decían, estando presente y ausente a la vez, y lo peor, desapareciendo totalmente detrás de cada bostezo, aunque por pocos segundos, mientras remataba con un sonoro ¡Aaayyy!

Mi señora, que estaba en la cocina, oyéndome y soportando la incomoda situación, también comenzó a bostezar, por contagio seguramente, se molestó muchísimo porque los míos eran muy seguidos y más prolongados:
-¡Pero bueno, chico -me gritó -anda a acostarte y apaga ese perol!

-¿Qué pasa -le contesté riendo- me vas a prohibir que bostece?
-Sí, está prohibido bostezar en esa forma, porque es contagioso y produce mucha flojera. Esta noche tengo que hacer varias cosas y no logro concentrarme, me tienes nerviosa con esos aaayyy, ya llevas como mil seguidos. Anda, vete a acostar, no sigas perdiendo tu tiempo.
No le hice caso, me eché para atrás en la mecedora, cerré los ojos, me tapé la cara con una revista y seguí bostezando. Entonces vino y lo apagó.

-No, mijo, no me voy a calar dos fastidiosos juntos; tú con tus bostezos de hipopótamo con hambre, y Chávez con su bocota llena de embustes
-No, pero ya va -la atajé por un segundo- lo que pasa es que estoy aprovechando lo bueno y útil de estas cadenas presidenciales...

-Anda a acostarte, que tienes los ojos vidriosos -y remató con un lánguido aaayyy-. Tú te imaginas la cantidad de gente que estará bostezando ahorita, y que por eso mismo no pueden continuar ni terminar lo que...
-¡Ujúnju! No quiero ni pensarlo -le respondí- porque eso significa que la población está adormitada, o medio pendejiada, con esta interminable perorata, lo cual es dañino para la revolución, pues la gente pierde la capacidad de reacción y la voluntad de acción. Creo que no estamos muy lejos de un decreto inconstitucional prohibiendo los bostezos en las cadenas y pidiendo respeto para el comandante presidente, así los idiotas se revienten con la boca apretada y fruncida... ¡Socialismo o muerte, mano!!!



FÉLIX ARANA

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