LA SEÑORA DE CÁRDENAS

    
        En 1977 se transmitió por RCTV una novela con el título de estas líneas. Rompió todos los registros de audiencia al combinar el talento de tres gigantes: los protagonistas Doris Wells y Miguel Ángel Landa y nada menos que José Ignacio Cabrujas como el escritor del guión.
        Pues ha vuelto en estos días a transmitirse otra novela de altísima audiencia relacionada con la enfermedad de Chávez. El primer capítulo fue mostrar al protagonista cojeando con un bastón. El siguiente fue anunciar que se le había sometido a una operación en Cuba para sacarle un absceso. El tercer capítulo lo dominó el silencio por varios días en donde se generaron todo tipo de especulaciones. El cuarto, dramático capítulo, mostró a un Chávez en Cuba demacrado, leyendo (cosa rara) y breve (cosa rarísima) contando que lo habían operado otra vez de un cáncer en algún sitio de la cintura para abajo.
        El quinto capítulo, pocos días después, lo mostró regresando de sorpresa a Venezuela y en aparente buena salud. Así que a estas alturas suponemos que seguirá esta novela donde pareciera que la imaginación de Cabrujas está siendo reemplazada por la de Fidel.
        Quede claro que no estamos bromeando con la enfermedad del Presidente, pero si creemos que se está manejando la información en forma deshonesta para el País. Como es que nadie sabe quién lo operó (dicen que no fueron los cubanos). Como es que nadie sabe de qué, exactamente, se le operó. Como es que nadie conoce la gravedad y la posible duración del tratamiento.
        La verdad es que uno se harta de esta costumbre del disimulo y de los silencios. Un tal Wilson se lleva 800 mil dólares en una maleta y declara que se la dio PDVSA para la campaña a la presidencia de una argentina y este gobierno no abre ni la boca. Un General en Jefe le dice al País que Chávez renunció y nunca más se habló de eso. Ahora, otra vez, un disimulo tremendo y nadie sabe si lo operaron de la próstata, del colon, de la vejiga, de un riñón o de un hueso.
        Solo están claros los beneficios políticos. En general a las personas nos conmueven las tragedias de otros y eso mismo está pasando aquí. Chávez mejora su aceptación no por sus poquísimos logros, sino por la compasión colectiva que crea su enfermedad. Pobrecito nuestro Comandante.
        La excusa perfecta para un gobierno sin logros aparece de repente y todo se modula. Como va ha resolver el problema del Rodeo si está delicado. Como va ha construir casitas si debe descansar. Como va ha reducir la inflación con ese problemón que tiene.
        Algunos comentan que todo esto es un invento de Fidel para recuperar la popularidad de Chávez, si así fuere los propondremos al Oscar, pero si Chávez está realmente enfermo tiene la obligación ética de contarnos, con pelos y señales, todo. No es cierto que el Presidente tenga derecho a disfrazar lo que le pasa. Estas novelas de misterio le hacen un daño terrible al País.




 
 
                                                       Eugenio Montoro
                                                     montoroe@yahoo.es


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