Siiiileeeenncio en la saaaala


Algo parecía tener el diputado de pelo blanco y saco gris que estaba a mitad de la segunda fila a la izquierda, se apreciaba cierta angustia en su cara crispada y en sus ojos que parecían saltar de sus órbitas, corría la cuarta hora del discurso del Presidente, era sábado y por ser ocasión de la presentación de la Memoria y Cuenta del comandante-Presidente y no querer llegar con retardo al Palacio Federal había realizado sus abluciones incompletas y ahora estaba pagando las consecuencias.

El Presidente contaba anécdotas, incidentes de carácter biográficos. En medio de esta ceremonia el diputado sentado en el podio, al lado de un diputado moreno y casi calvo, se abstraía del discurso y cantaba para sus adentros, imperceptiblemente: "cantinero dame un trago, dos tragos, tres tragos..." cuando sintió el codazo del diputado de color y calvo en el brazo tras un carraspeo muy bajito iba por "doscientos tragos, doscientos un trago... para aliviar las penas".

"Recuerdo aquella vez que vendiendo arañitas..." continuaba su discurso el Presidente, los diputados oficialistas deliraban y gritaban, Cilia Flores casi se echa un pedo, María Corina estaba seria y procuraba taparse un poco los cuatro dedos de piel encima de la rodilla, pues el Presidente, justo cuando decía: "Y yo le clave la mirada a Adán, que había vendido unas arañitas..." dirigía su mirada hacia ella, quien sintió la mirada de águila que no caza mosca pero que amenazaba con cazarle un picón.

Barrientos, un diputado de Maracaibo, se levantó intempestivamente y corrió hacia el baño, antes, forcejeó con un tipo grandote de Casa Militar, se le soltó de la estranguladora que le aplicaba y en un acto heroico pudo llegar al baño y sintió con alegría el calor del turbio líquido que hacía un ruido de deslave en el inodoro del  Parlamento y se dijo para sus adentros: Caramba, estoy m... en la misma poceta que un día le sirvió a Alfaro Ucero".

"Bolívar, El Libertador, quien libertó cinco países fue traicionado. Sus huesos están en el panteón", el Presidente entraba en el núcleo de su discurso y los oficialistas aplaudían hasta dolerles las manos, mientras tanto, el diputado de pelo blanco y saco gris, sentado en la segunda fila a la izquierda, estaba frííííío. La diputada que estaba a su lado le dijo: tienes cara de ataque cardíaco. No, no es eso, es que me estoy...,  contestó a medias perdiendo el sentido.



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