Los zombis de la revolución



La leyenda de los zombis es una de las más conocidas y explotadas de la literatura del terror. Los zombis son entidades físicas que se encuentran a mitad de camino entre la vida y la muerte, muertos reanimados o simplemente seres humanos sin mente que no tienen voluntad propia porque los controla un poderoso hechicero, dueño de sus pensamientos y sus sentimientos.

No se sabe a ciencia cierta el origen de los zombis. Los expertos aseguran que las primeras referencias a algo parecido aparecen hace 3.000 años en La Epopeya de Gilgamesh, cuando Ishtar amenaza con levantar a los muertos para que devoren a la gente, a menos que su padre le dé el toro del cielo.

En Las mil y una noches también hay cuentos de seres subyugados mentalmente, pero son los relatos folclóricos de Haití los que describen entes muy parecidos a los zombis como los que conocemos hoy en día, y que popularizó Hollywood en 1968 cuando George A. Romero produjo Night of the living dead (Noche de los muertos vivientes).
Que haya zombis en Hollywood no tiene nada de raro. Que aparezcan descritos en la literatura fantástica no me quita el sueño. Pero que en mi país haya personas que supediten sus recuerdos, su conciencia y su memoria sí me preocupa, me desconcierta, me subleva.

Hace unos días, mi hermano entró a un local comercial. La dependienta le preguntó si hacía calor afuera. "Sí, hace un calor terrible", le respondió mi hermano. "Claro, cómo no va a hacer calor si hace tres años que no llueve", dijo ella. "¿Tres años que no llueve? ¡El año pasado llovió! ¿Usted no estaba aquí?", le preguntó mi hermano. Ella dudó: "Bueno, sí estaba, pero es que a mí me explicaron que así como los gringos bombardearon Haití por debajo de la tierra para ocasionar el terremoto, de igual manera nos bombardearon las nubes a nosotros para que no lloviera".

Yo puedo entender que la joven dependienta crea que los gringos son tan poderosos como para ocasionar terremotos y espantar nubes. (Si lo fueran, ya hubieran encontrado a Osama Bin Laden, ¿no?), pero bueno, aceptemos que lo crea. Lo que no puedo, no quiero y me duele aceptar es que subordine su propia memoria para creer lo que no vivió. Una zombi, pues, cuya mente está dominada por un poderoso hechicero. Así, ella y sus compañeros zombis seguirán viendo sequía donde hubo lluvia, oscuridad donde hubo luz y bienestar donde no hay más que ruinas.


Carolina Jaimes Branger /Periodista /carolinajaimesbranger@gmail.com

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