¿Cómo hemos podido llegar a esto?



Ernesto García Mac Gregor /garciamacgregor@gmail.com

¿A este gobierno autocrático y dilapidador, a esta basura ideológica del socialismo del siglo XXI, a este abuso de poder, incompetencia y corrupción desenfrenada? La semana pasada el Presidente, en cadena nacional, dedicó unos cinco minutos para describir de manera chabacana, ante un coro de aduladores que celebraban sus impertinencias, la manera cómo unos retortijones de tripa y su correspondiente diarrea le hicieron pasar un mal rato en la inauguración de una obra. La escatológica narración fue difundida por el mundo entero. ¿Cómo hemos llegado a esto?

En Venezuela, a causa del subdesarrollo, el mediocre, especialmente si ha recibido una mediana instrucción, no es la víctima de la competencia como en otros países. Protegido por la ignorancia de la mayoría, asciende a niveles políticos elevados. Por otra parte, las inhibiciones atávicas, aquel hábito mental modesto, nuestra débil base cultural y esa falta de visión para entender nuestros problemas, nos han dejado a merced de los incapaces, quienes sin ser idóneos para con sus compromisos, nos han conducido al desastre de la Venezuela de hoy. Así, hemos involucionado hasta estos políticos, camaleones de oficio, salta talanqueras profesionales, que se ofrecen al mejor postor y cuya prioridad es el enriquecimiento ilícito.

Por otro lado, el populismo y la demagogia, propulsados por los petrodólares, han hecho arraso en las masas populares que se dejan engatusar por las acrobacias verbales de un Presidente que miente con la misma espontaneidad con que respira. Una gran mayoría no trabaja y vive exclusivamente de las misiones y otros programas sociales. Son los que invaden terrenos, hacen cooperativas ladronas, se enchufan a la electricidad, se conectan al agua etcétera.

Están también los cómplices, acomodaticios y cobardes de la clase media y empresarial, cuidando su puestecito, su cambur, su prebenda. Saben que en el chavismo no se asciende mediante las credenciales profesionales o técnicas, sino por las sendas del rojo rojito. Una vez enganchados aprenden que hay un precio a pagar que lleva implícito la declinación de su personalidad y la obediencia incondicional. Toda esta circunstancia ha convertido a Venezuela en lo que es, y a los venezolanos en lo que somos. Que oiga quien tiene oídos.



Publicado en el Diario La Verdad

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