Tiempo de rumores

La falta de claridad del gobierno con el asunto de la salud de Chávez es el caldo de cultivo ideal para que se desaten los demonios de las lenguas inquietas, los tuit flecheros, los mensajes de texto madrugadores y hasta las llamadas telefónicas con la advertencia clara de que "lo que te digo es de buena fuente".


Prácticamente todo el año se ha ido en lo mismo. Chávez como epicentro, no faltaba más, y la estabilidad política que gira en torno a su figura son los ejes de las chismeadera. En marzo de 2011 se comienza  hablar del cáncer, pero era sumamente clandestino y poco probable que los cuentos fuesen verdad. Pero en junio, el 8 de junio, aparece Chávez en cadena nacional, después de haberse perdido por varios días también, y admite de un solo tiro tres cosas. Tiene cáncer, fue operado en Cuba y se someterá a quimioterapia y radioterapia. Ese día leyó el mensaje, cosa muy rara. Estuvo tembloroso y su voz se quebró varias veces. En el mismo minuto comenzó el súper chisme continuado que no ha parado hasta hoy.


¿Qué se decía por esos días? Mucha gente creía que fuese verdad lo del tumor y menos que lo hubiesen operado. Para otra tajada la cosa giraba en torno a que no dijo toda la verdad. Y, en la misma onda, muchos médicos afirmaban que sí era verdad, por los signos descritos, el presidente estaba muy enfermo y que la verdad es que estaba grave. Así terminó el año 2011. Entre que no tiene nada, esta curado y que realmente el cáncer es muy agresivo y él y su clan ya saben con qué tiempo cuentan y qué deben, hacer hasta la tesis de que efectivamente está enfermo, pero agravan todo para producir la lástima necesaria para cohesionar a su gente y ganar las elecciones.


Llega 2012 y en febrero, casi comenzando el año, otra vez Chávez admite que reapareció el tumor en el mismo sitio y que viajaría nuevamente a Cuba para una nueva operación. Y se fue. Otra vez lo mismo. Grave, gravísimo. Es mentira, no tiene nada. Está curado, no es tan grave. Es estrategia de los cubanos. Chávez sube puntos cada vez que dice que está enfermo. Todo el 2012 se fue en ese mismo tren. Así se pasó por las elecciones. Por la campaña epiléptica con una carroza como vehículo y salidas esporádicas. El cuento por debajo seguía siendo el mismo: No tiene nada, es una manipulación diabólica. O, está muy mal, pero es un guapo. Por ganar las elecciones  haría cualquier cosa. Y efectivamente la enfermedad lo favorece.


Así se llega a diciembre, luego de otros 21 días perdido, en Cuba, regresa y admite una tercera reaparición y una cuarta operación. Se va a Cuba y hasta nuestros días. Todo lo que se sabe es vía Bocaranda, doctor Marquina y los extraños boletines oficialistas que llegan a contradecirse entre uno y otro con apenas horas de diferencias. De allí que otra vez el país está dividido, a pesar de todas las señas de gravedad, entre quienes creen que está sano, los que creen que está enfermo pero no tan grave y los que creen que está gravísimo.


La única forma de matar este cuento es con un Chávez trotando, haciendo ejercicio, analizando la economía y las elecciones; pero en vivo y directo. Los cuentos de Maduro y Villegas no valen para estas cosas.


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