Inventariando la revolución



En estos días cuando la AN interpela a los Ministros del despacho gubernamental, es pertinente, inventariar a la revolución. Porque según los interpelados, quedó ratificado que todo en el país es perfecto, bueno, funcional; la gente vive feliz, no hay inseguridad personal, inflación ni corrupción, todo está muy bien, en fin, Alicia en el país de las maravillas.

Veamos lo que dice la realidad, ese otro mundo, donde los oficialistas y el caudillo viven. Como lo señala magistralmente la periodista de El Nacional Milagros Socorro en un artículo suyo del pasado domingo 6 de febrero, “hoy Venezuela tiene más de lo malo y menos de lo bueno que cualquiera de los países latinoamericanos. Tenemos más inflación, desempleo, embarazo adolescente, homicidios por cada 100 mil habitantes, deserción escolar. Mayor desmantelamiento de la infraestructura civil, vial  y cultural; más secuestros express, presencia inédita de grupos de irregulares en el territorio, dispendio como nunca de los recursos del país entre el pillerío foráneo. También, presencia humillante –sin precedentes excepto durante el yugo español, de extranjeros en instancias de decisión, incluída la militar. Más desabastecimiento, depauperación de la agricultura y la agropecuaria; más fuga de talentos, más controles económicos, mayor inestabilidad jurídica, mucho más pobreza, y no digamos cuán multiplicados la corrupción, el burocratismo y la ineficiencia.”

Sigue señalando la articulista: “Tenemos menos crecimiento económico, menos empleo formal y construcción de vivienda; menos instalaciones educativas de calidad, menos vergüenza, puesto que ante éste desastre el régimen difunde una propaganda para decir que “Venezuela es ahora una potencia educativa”. Tenemos una institucionalidad pública mermada, lo que se refleja en el trapiche por el que han pasado los servicios de salud, nutrición, electricidad, transporte, agua, deporte masivo y medios de comunicación orientados a las necesidades de las comunidades… y encima, las misiones, ahora en franca merma y tendencia a la desaparición porque no les llega el presupuesto…”

A todo eso, usted amable lector, puede agregarle los desaciertos, engaños, botadera de dinero, mentiras y contradicciones descaradas que conoce, amén a las inexactitudes y los absurdos de todos los días. ¡Viva la revolución!.





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