La empresa privada


Ernesto García Mac Gregor /garciamacgregor@gmail.com

En su afán por destruir al sector productivo nacional y con ello liquidar la propiedad privada (como la electricidad, lácteos, cemento y banca), Chávez ha decretado la guerra a muerte al productor. Los créditos blandos, Cadivi, la exoneración de impuestos y otros beneficios del Estado sólo los reciben quienes acepten las condiciones socialistas. Es decir, hay que pagar al régimen, el peaje de la obediencia roja rojita incondicional.

Por ahora, algunas empresas privadas se mantienen como una fachada. Casos como la Coca-Cola, que estuvo cerrada por culpa de cuatro pelagatos a pesar del dictamen a favor de la empresa, emitido por el TSJ, que después de todo, se lavó las manos y dejó las cosas como estaban. O la planta General Motors, paralizada hace meses por el Sindicato de Vencedores Socialistas. Ni hablar de la Polar, que sufre el acoso permanente de las inspecciones abusivas, excesivas y discriminatorias. Los oportunistas y nuevos empresarios chavistas están loquitos por caerle encima a las cientos de empresas de la Polar.

Permisos, certificados, inspecciones, exigencias, requerimientos, controles, sanciones, multas, decomisos, clausuras, suspensiones. De esa manera se asfixia a la empresa privada, cuyos dueños, ante el peligro de ser expropiados compulsivamente, optan por la venta forzada. Somos una de las naciones más ineficientes del globo, porque establecer un negocio lleva un promedio de 141 días. Para 2008, Venezuela ocupaba el antepenúltimo puesto (entre 115 naciones) en derecho de propiedad.

Por otra parte están los casos de CANTV o Sidor, empresas que habían sido privatizadas debido a su anterior fracaso total. Todos sabemos lo que va a ocurrir de nuevo: reducción en tecnología, salida de gerentes y expertos, alineación a la ideología ''socialista'', burocracia chavista, beneficencia pública, corrupción y sobre todo, ineficacia a corto plazo como ya se manifiesta con los apagones del sector eléctrico que todos sufren en carne y hueso y la incompetencia cada día creciente de CANTV y las conexiones a Internet.

Al final, el Estado populista compensará las pérdidas, cubrirá los altos costos de la nueva burocracia chavista y tapará los huecos de la corrupción revolucionaria que inevitablemente se generará. Que oiga quien tiene oídos...



Fuente: http://www.laverdad.com/detallenew.asp?idcat=2&idnot=80535

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