Tragedias del arañero



Hace dos semanas, durante una cadena nacional, el presidente saliente Hugo Chávez informó que próximamente publicará un libro suyo intitulado “Cuentos del arañero”, con anécdotas de su vida.

Qué ironía: el país hecho trizas justamente por la ineficiencia gubernamental, y el Presidente preocupado por sus narcisistas, trilladas y necias historias personales.

Ya basta de cuentos. Queremos resultados en positivo y valor para asumir las responsabilidades. Han sido 14 años de cháchara, como dice Capriles. Una verdadera desgracia continuada.

La primera tragedia fue el deslave de Vargas, que afectó a más de 50.000 personas, 20.000 damnificadas y cerca de 3.000 personas fallecidas. Después de rimbombantes anuncios presidenciales sobre el tratamiento que recibiría el estado Vargas y sus habitantes, a casi 13 años de esos sucesos, todavía vemos la región en un completo abandono, y lamentablemente los damnificados siguen hacinados en refugios.

Se matan los presos como si nada, se caen puentes, se desbordan ríos y miles de ciudadanos se quedan sin vivienda, muertos a cada esquina a manos del hampa, explotan las refinerías y no hay hospitales para atender a los heridos. Y éste nos viene ahora con sus “Cuentos del arañero”. ¡Por Dios! “Tragedias del arañero” le queda mejor a la triste historia de ese presidente que ha destruido nuestra nación.

Alerta con la pava que camina

Muchas veces escuchamos vociferar “...la espada de Bolívar por América Latina....”. Pero lo que dice todo el mundo es que lo que camina por América Latina es la terrible pava que traen los gobiernos de tinte castrocomunista; hambre y miseria producto de la quiebra de empresas y total liquidación de la economía privada. No es la espada lo que camina sino el desempleo y la pobreza. Pero de un tiempo para acá esa pava parece que no camina y que se ha estancado en Venezuela, donde sufrimos en cadena calamidades de todo tipo. La mayoría de los países de América Latina, incluso los que se viven a Chávez entorno a la figura del Alba, han experimentado progreso y desarrollo económico. Pero nosotros los venezolanos cada vez estamos peor por la desidia e ineptitud del Gobierno Nacional que no ha hecho nada por la infraestructura del país, como carreteras, puentes, escuelas, hospitales, electrificación, etc., casi toda construida hace 30 años. Hoy padecemos los efectos y todo se cae a pedazos.

La pava y no la espada es la que recorre por cada rincón de nuestra geografía patria. Arrancó en Vargas, como vaticinando lo que vendría luego de la aprobación de la funesta Constitución, y no ha cejado de mostrar su rostro a cada momento. Es increíble una secuela de tantas tragedias como las que hemos padecido los venezolanos desde que el arañero nos gobierna.

Perversa división

Espero hayamos aprendido que jamás podremos progresar mientras el país esté dividido entre “patriotas” y “apatridas”.

Las principales empresas del Estado venezolano han quedado como chatarra. Es que no podía ser de otra manera, porque son vistas por el gobierno como centro de acopio de aquellos “patriotas” que le juren amor y lealtad, no importa cuán calificados estén para dirigirlas. Todas sin excepción están en el más completo abandono y son conducidas por gerentes que no tienen la más mínima experticia, según informan desde adentro mismo y confirma el exagerado número de accidentes acaecidos. Pdvsa es una palmaria demostración. Las cárceles, ni se diga. Quizá pensaron que toda la vida iban a seguir criticando el pasado y no iban a enfrentar las responsabilidades del presente. De un gobierno que en democracia ya lo estuviéramos recordando como algo oscuro de un mal pasado.

De la excelencia a la decadencia

Quince años atrás, o sea, antes de la “revolución” cuando Pdvsa era de todos, la empresa petrolera recibía reconocimientos internacionales por su seguridad industrial. Eran tiempos de cero accidentes en Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima.

La explosión de la refinería de Amuay ocurrida la madrugada del sábado, quizá la pudiéramos calificar como la crónica de una muerte anunciada. El Centro de Refinación Paraguaná (CRP, integrado por Amuay, Cardón y Bajo Grande), es el mayor de Venezuela y quizás el más grandes del mundo, es uno más, de los miles de accidentes que han ocurrido en la industria petrolera desde que el régimen despidió a quienes estaban capacitados para dirigirlas.

Amuay: ¿Accidente, culpa o dolo?

Los accidentes ocurren de manera inesperada. La culpa: según el maestro Francesco Carrara, supone la “voluntaria omisión de diligencia en calcular las consecuencias posibles y previsibles del propio hecho”.

Al dolo eventual, la doctrina lo define cuando el autor sabe que el hecho dañoso puede ocurrir pero no realiza las acciones necesarias para evitarlo.

Siendo esto así y conociendo conceptos básicos en el campo del derecho penal, debemos suponer que los culpables de esta terrible tragedia acaecida en la refinería tienen que ser sancionados penalmente. Advertencias de lo que podía ocurrir en Amuay se habían dado por montones, y no hicieron nada para evitarlo. Los principales responsables son el Presidente de la República y la directiva de Pdvsa, que han convertido en pulperías (que importan y venden productos que nada tiene que ver con el negocio petrolero). Por eso, poco importa quién la dirija. El sábado murieron 18 efectivos militares encargados de custodiarla de enemigos externos, cuando el verdadero enemigo estaba adentro y es el abandono y mal mantenimiento. Da lástima que a esos pobres militares los pusieron a cuidar un barril de pólvora con la mecha encendida. Eso debe y tiene que ser castigado, quizá no durante este gobierno, que está finalizando, pero sí cuando en nuestro país se respeten las instituciones y exista estado de derecho.

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