El sucio negocio de la gasolina


El problema de la gasolina se originó por los ridículos bajos precios del carburante, producto, a su vez, de medidas populistas y proselitistas y que, por el trauma de El Caracazo aún no superado, el Gobierno no se atreve a modificar. Desde la presidencia de Caldera, en 1996, el precio de la gasolina ha permanecido a un valor de Bs. 0,097 por litro (unos 0,14 dólares), lo que lo convierte en el más barato del mundo. Si este combustible subsidiado se exportara, se obtendrían 15 mil millones de dólares anuales.
El inconveniente es que al otro lado de la frontera, la gasolina y el diésel se venden cinco mil veces más caro. Es un contrabando de extracción redondo; nada que ver con el narcotráfico, trata de blancas o venta de órganos o armas. No, aquí se trata de pasar una pimpina de gasolina al día que resulta más efectivo que trabajar por un miserable sueldo básico y menos fastidioso que vestirse de rojo rojito para enchufarse a por lo menos tres misiones socialistas.
Ya desde 2012, según cifras oficiales, se calculaba que se fugaban por Colombia 45 millones 609 mil litros al mes, que se traducían en unos ocho mil millones de dólares anuales. Pero el negocio se expandió de tal manera que de pimpina se pasó a tanques ocultos, a camiones cisterna y a gandolas. Y de los caminos verdes y trochas se pasó a las carreteras principales y ahora hasta a los bolipuertos, que utilizan gabarras y barcos de gran capacidad. Y de Colombia se pasó a todo el Caribe y Centroamérica.
Desde hace años existe abundante evidencia en video y documentos de cómo se pasa libremente este contrabando (incluso con gandolas de PDVSA) por las alcabalas y no ha pasado absolutamente nada. Lo que empezó con los "bachaqueos" de gasolina y alimentos, ahora se extendió a todos los productos regulados que son manejados por las grandes mafias, indudablemente conformadas por altos funcionarios gubernamentales y de la oficialidad castrense. En vez de castigar a los culpables, se castiga al pueblo con el chip de la gasolina y las tarjetas de racionamiento para que los boliburgueses tengan más mercancía con que desangrar al país. Que oiga quien tiene oídos…



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