Diálogo en el mostrador de la tienda

-Jorge ándame a la Tienda que ya se va ser de noche.
-Mami, espérate que ahí que en la televisión hay un tipo diciendo disparates. Yo no le entiendo nada, Dice cosas que nunca había oído, y que si “millonas”, y que si “Dios multiplicó los penes”, y que “le vean el corazón con el telescopio”.
-Deja de estar escuchando sandeces, y ve al abasto a comprarme el pollo, el jabón de lavar, el champo, el papel sanitario y el aceite, le dijo a su hijo la señora Teresa en un tono alto que se escuchaba en los patios de las casas de la vecindad de aquel barrio marabino.
Jorgito apagó el TV y se fue con el dinero en la mano hacer el “mandado” y frente al mostrador de “Pancho “El Gocho” tuvo que hacer una cola como si estuviera en uno de los pocos supermercados que quedan en el país, incluyendo los que financia el gobierno para mantener atado a los compradores en interminables colas como una forma de dependencia alimentaria.
Tenéis que tener paciencia muchacho -le dijo el bodeguero- porque ellas están primero y con su mirada inquietante, el jovencito escuchaba los comentarios que hacían los compradores de su cotidianidad, las quejas al gobierno de Maduro, las mentiras de Arias Cárdenas, lo maléfico de Diosdado, la actitud de los estudiantes y el llamado “dialogo mudo”.
Despáchame antes de que se vaya la luz fue lo primero que soltó una de las consumidoras que había logrado tomar de los primeros puesto y luego comentó:
Fíjate que mi marido no ha podido taxiar más porque el carro no tiene batería y no se consiguen y están carisimas y un hermano mío le prestó una, pero más carga tenía una pila de reloj que la que le prestó y lo dejó botao. No tengo tiempo para nada, porque ahora tengo que llevar los muchachos al colegio y estar mosca, porque hay una maestra que va de boina roja todos los días a decirles “Chávez está vivo” y que Fidel Castro en cualquier momento va a dar una charla en el colegio, y que tener un fusil en el hombro no es malo ¿A vos te parece chica? Le preguntaba airada a su vecina de compras.
Jorge seguía atento al diálogo que tenían en la tienda estas señoras de Maracaibo, y se sonrió cuando una de las vecinas le explicaba a otra, que su suegra tenía un dolor de cabeza tan grande desde hace una semana que volteaba los ojos y le quedaban blancos, y que su hijo no conseguía en la farmacia ningún analgésico. No hay antipiréticos, ni antiinflamatorios, ni medicinas para la tensión, y resulta que ahora habrá más muchachos en este barrio, porque ni condones se consiguen ni pastillas anticonceptivas, esto se lo llevando quien lo trajo, y todos sabemos quién lo trajo, repetía acalorada
Nos hemos convertido en un país de hediondos, asomó una señora que se incorporó a la conversación, y todas las demás se miraron y se olieron sus ropas al instante en que ésta explicaba que era porque no se consigue jabón de lavar, ni de baño, hay una sola marca de desodorante en los estantes y se acaba rápidamente no hay desinfectantes ni detergentes para limpieza general ni papel sanitario ni lavaplatos y tampoco suavizantes para la ropa.
Mientras la conversación continuaba el impaciente Jorgito preguntaba si había aceite comestible, jabón, papel sanitario, mayonesa pollo y café, lo que le había mandado a comprar su madre, y le explicaba a Pancho: “en esta bolsita me vais a echar diez bolívares de aceite de comer y si tenéis papel sanitario me vendéis diez vueltas, dice mi tía que le vendáis dos pañales que tiene al nieto en apuro, me dais también una papeletica de café y diez cucharadas de jabón en polvo”. Haaaaaa y si tenéis me vendeís un tomate, una cebolla y mayonesa.
Otra tertulia se mantenía en la parte trasera de la cola y una de las consumidoras recordaba que el Día de las Madres le hicieron una torta sin margarina, y ni siquiera mantequilla y estaba más insípida que una cadena de Maduro .Tenía años que no festejábamos sin cerveza porque una caja cuesta 280 bolos, ni decir del wisqui que es incomprable, sin parrilla porque la carne y el pollo son las joyas de la cocina en cuanto a precio y ni siquiera podíamos freír pastelitos porque no se consigue el aceite.
Bueno chica y fíjate yo tengo leche, dijo de pronto una de las señoras que acababa de llegar al abasto de aquel barrio, y todas al unísono le preguntaron donde había conseguido, y respondió casi inmediatamente que tenía leche pero no en polvo, sino que había conseguido que la metieran de primera en una cola de MERCAL para comprar algunas cosas reguladas, donde habían personas que permanecían desde las dos de la mañana del día anterior hasta las diez de la noche, y eso es tener leche realmente-dijo.
En medio de este comentario que hacía la compradora, otra desde atrás le preguntaba al tendero que sí tenía crema dental, y este le contestó ¿trajiste el cepillo? Es a cinco bolívares por cepillo.
Jorgito salió corriendo con su compra y llegó a casa de su mama con cara de “lo he escuchado todo”, y su madre le preguntó casi en el portón que si había conseguido lo que le había ordenado.
-Te traje algunas cosas mamá, menos el papel sanitario porque sé le acabaron “las vueltas” a Pancho, le respondió con asombro.
- Bueno, entrá y no vais a prender el televisor Jorgito porque yo lo encendí y ahí siguen diciendo disparates le advirtió la madre
-¿Cómo así mami?
-Si. Parece que ahora a alguien lo defecó un pajarito que le daba vuelta en la cabeza y que se le paró y le habló desde el más allá.
- A lo mejor le dijo que la están defecando bastante en el gobierno, se contestó para sí Jorgito



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