El séptimo mandamiento.
Tengo dos imágenes de Moisés. La primera cuando subió al monte Sinaí, era un pavo, pero maduro, ya había sacado a los judíos de Egipto; y la otra, cuando bajó, ya envejecido, como si en lugar de haber estado 40 días y sus respectivas noches hubiera estado un montón de años subido en dicho cerro, ¿qué habrá pasado?, eso nadie lo sabe. Lo cierto fue que Moisés, con la cara de Charlton Heston, bajó con dos tablones de piedra y los Diez Mandamientos escritos por el mismísimo Dios con sus dedos y que Moisés rompió, sin su autorización, cuando vio al pueblo en un bonche gigantesco haciendo cositas que no puedo describir por la falta de espacio. Por supuesto esas imágenes se las debo a la película los Diez Mandamientos, que en esta Semana Santa la veré otra vez, aclarándole que lo que más me gustó es ver a Moisés hablando con la zarza encendida. De esos mandamientos, el que me ha quedado más confuso es el séptimo. No es culpa mía, es que en las tablas no está precisado qué es...