El niño rey
No hay gobierno de la seguridad posible, sino se piensa en las víctimas. No solo en las directas, sino en las llamadas "víctimas secundarias": la compañera, los hijos: lo que queda del desastre de la violencia. Percibimos el llanto, la tragedia, pero no se repara. El daño material y psíquico no se evalúa, no aparece en las memorias y cuentas, en el PIB. Ni hay asistencia o indemnizaciones para ellas. De esas víctimas secundarias, en especial los niños, quiero hablar hoy. Hablar de los que caen en medio de balaceras "ajenas"; de quienes hieren, "de paso", para matar a sus padres, o son secuestrados para convertir en dinero la angustia de sus progenitores. De los abusados, violados, maltratados. De los torturados como el niño de Guanare o la niña de Mérida o el bebé de Cabimas, o la niña de Machiques, en quien se ensañaron, madre, padrastro o abuela, una muestra apenas de lo que sucede en otras partes. Del niño que enmudeció a Ch...